| Este artículo
también se encuentra a disposición de los lectores en formatos word La danza movimiento terapia en la rehabilitación social Fundación ARED. Reinserción socio-laboral de mujeres
María Elena Alfaro Bellati Montserrat Asensio
Presentación de ARED En primer lugar quiero agradecer la oportunidad de concederle un espacio a la Fundación Ared. Estamos alegres por cuatro motivos: - Es una manera privilegiada de hacer visible la misión de una Fundación que nace en los sótanos del Centro Penitenciario de Mujeres de Barcelona y que es poco conocida en nuestra ciudad. - Es una oportunidad para la necesaria interdiscipli-nariedad que requiere nuestro mundo. - Es un honor presentar la Fundación que tanto amamos en la montaña de Montserrat un sitio tan significativo para los movimientos de Cataluña. - Es un gozo hacerlo junto a personas sensibles como ustedes que nos ayudan cada día a realizar los movimientos que Ared necesita, y que acompañan la evolución de la entidad. Fundación A.R.E.D A partir de 1994, más de 500 personas han “danzado” por nuestra entidad, han intentado contrarrestar los movimientos hacia fuera y hacia abajo que el fenómeno estructural de la exclusión social genera. Acogemos prioritariamente a mujeres de terceros grados penitenciarios 1 , en libertad condicional, aunque también lo hacemos con hombres y personas provenientes de los Servicios sociales. Contamos con una notable presencia de extranjeros (49% en el 2005), provenientes de cuatro continentes y de 21 países de origenes diferentes; personas de minorías étnicas y el resto nativas y procedentes de todas las comunidades autónomas del estado. En la vida de estas 500 familias hemos podido hacer realidad uno de los párrafos más hermosos de nuestros estatutos: “ acoger en los programas de la fundación a toda persona en riesgo de exclusión social, sin exceptuar a nadie” . Con gran alegría hemos verificado a lo largo de los años que más de un 65% logran la meta que se proponen de integrarse en la sociedad y conseguir un nivel de dignidad para ellas y sus numerosas familias. Para nuestra satisfacción, hemos informado en la memoria del 2005, que sólo un 2% ha vuelto a reincidir, cuando la media en el estado español es del 37%. Metodología El abanico de las áreas formativas que ofrecemos a las alumnas de los Cursos Ocupacionales de Ared es muy amplio, tanto como la capacidad de colaboración de todas las personas que se unen a nuestros objetivos. Confección industrial, pintura artesanal, cocina y restauración son las áreas de formación técnica prioritarias. Pero el éxito en los procesos de Ared, se debe a la diversidad de programas formativos que contribuyen a fortalecer a las mujeres en muchos aspectos de sus vidas. Una de las fuentes de riqueza que tiene la fundación, son los convenios de alumnos en prácticas que firmamos con las diversas universidades de Barcelona. En el año 2004 llegó Montserrat Iranzo con toda su vitalidad, a realizar su experiencia de prácticas con un grupo de mujeres inscritas en un curso de restauración, cocina y hostelería. Recuerdo con gran nitidez la delicadeza de todos sus movimientos con el grupo de personas con las que hacía su experiencia de prácticas. Generó un ámbito de intimidad de menos de 100 metros en un sitio que originalmente quintuplicaba ese espacio, con una tela que le ofrecimos, para liberar la danza desde dentro y facilitar el descenso de las resistencias de las participantes. Muchas de ellas por sus tradiciones culturales nunca se habían vestido con pantalones y con toda espontaneidad adaptaron sus movimientos a una falda estrecha. Otras muchas de un nivel formativo muy elemental, sin las herramientas básicas de la lectura y la escritura, absorbiendo las consignas orales y aprovechando al máximo la oportunidad de todas y cada una de las técnicas de expresión y comunicación a través del movimiento. Recuerdo algunos cuerpos de mujer muy gruesos, de fuerte contextura, alimentados para la lucha diaria, participando con gozo de los momentos para la danza que esperaban con alegría. Por la música que se oía desde el despacho donde estaba yo trabajando, intuí que intentaban expresar e interiorizar una amplia gama de muchas tonalidades que tienen nuestros sentimientos y nuestras vivencias. Se las oía reír, distenderse, concentrarse, estar serias, elaborar algo interiormente...y todo lo que habrán logrado a través de la danza que nunca conoceremos. Me invitaron a la última sesión. Participé en ejercicios que realicé con todo el grupo, otros en pareja, otros en grupos más pequeños. Qué maravilla de experiencia de integración, de invitación, de que nadie quede fuera, de que todas tengamos un sitio y no un sitio de jerarquía, sino un sitio de igualdad, de fraternidad, un sitio donde no hay poder sino servicio, donde cada uno se mueve según sus posibilidades, donde no hay quien lo hace bien y quien se equivoca, donde no existen los exámenes ni las pruebas, sino los derechos universales a movernos desde dentro. Recordaré siempre que los últimos ejercicios los realicé con una señora de nacionalidad portuguesa. La comunicación a partir de esa experiencia no fue la misma. Ambos cuerpos habíamos compartido lo inexpresable, lo gratuito, la libertad de procurar el bien sin esperar nada a cambio. Recuerdo también la discreción de Montse en el acompañamiento de cada una de ellas. Seguramente que fue acogido el interior de todas, haciéndolas más fuertes ante sus fragilidades, ofreciendo caminos de superación y aumentando su autoestima. Cuando la hora de DMT terminó, algo nuevo había en los rostros, una complicidad de grupo difícil de explicar, una relación nueva creada a partir de las capacidades. En el año 2005 continuamos con la experiencia porque había sido muy positiva. Y llegó Montse Asensio para crear un taller de Terapia a través del Movimiento y la Danza con otro grupo que estaba formándose en la especialidad de restauración y cocina. Me llamó mucho la atención la importancia que le dio al espacio. La actividad era por las mañanas, y venía con tiempo para adaptar un salón de usos múltiples a los fines de la actividad programada. Casi sin darnos cuenta porque apenas hacía ruido, ambientaba el salón para el encuentro. Ella misma acomodaba las sillas y las mesas para que el espacio quedara bonito. Con otro trozo de tela creaba un ambiente de intimidad y confianza. Barría ella misma el espacio para poder estar cómodas en el suelo, todas al mismo nivel, sin diferencias, sin escalones, sin jerarquías, todas las mismas oportunidades. Todo el espacio se llenaba de música y eran los cuerpos, las personas, las que movían sus vidas al son de los ritmos, al compás de diversos sentimientos, en la armonía del grupo en movimiento. Durante el 2006 ha llegado una nueva alumna en práctica y ha creado un grupo nuevamente con el curso de cocina y restauración. Valores Fue muy gratificante ver que los valores que danzaban alrededor de la experiencia, eran los mismos que tenemos en el ideario de la Fundación Ared : - Toda persona tiene derecho a una vida digna: la DMT se ofreció a todas y la participación fue voluntaria. - Prioridad a las mujeres: es curioso que hasta ahora sólo se han inscrito mujeres. - Respeto por la individualidad: cada una de las personas del grupo participó desde sus posibilidades y desde su libertad. - La universalidad de la capacidad de recuperación: no hay personas incapacitadas para el movimiento externo que mueve el interior, no hay notas, valoraciones, porcentajes de capacidades o discapacidades. - Las potencialidades están para ser descubiertas, nada hacemos con un diagnóstico frío de las carencias. - Formamos para la vida: la vida es movimiento, es flexibilidad, es adaptación, es complementariedad. - Trabajamos con las personas y su entorno, con ellas y no por ellas, con toda la historia vital recordada en los cuerpos, si ellas están en equilibrio, todo el entorno se beneficia. Hay que activar a la persona para que se ayude a sí misma, hay que ponerla en movimiento. Terapia a través del Movimiento y la Danza en Ared Esta última aportación, basada en la experiencia que como alumna en práctica (pasantía) de DMT realicé en la Fundación Ared, presentará brevemente el soporte teórico del trabajo llevado a cabo y describirá una sesión. Comenzaré con el siguiente testimonio: ...“ Yo salgo, me tomo un café y hablo con todo el mundo, porque todo el mundo me conoce, y si quieren algún favor, se lo puedo hacer y a la inversa, si me pueden hacer un favor me lo hacen. Pero confianza jamás , nunca, si me ven seria nadie se atreverá a decirme ¿qué te pasa? Nadie, porque no les doy la suficiente confianza para que vengan, por eso mismo, porque yo soy noble, me considero noble, y a través de los años he podido demostrar que aquí la amistad sólo sirve cuando hay cosas materiales por medio... ¿Cómo te ha afectado a ti la cárcel? Me ha servido para aprender cosas, como coser, que me gusta mucho. He aprendido, también, que no debo confiar en la gente , he leído muchísimos libros de literatura, muchísimos, he conocido mucha gente buena y mucha mala. He cambiado mucho mi carácter, una cárcel te afecta psicológicamente por la falta de libertad, he cambiado mi físico. Y mi miedo es pensar qué voy a hacer cuando salga .” (Elisabet Almeda, 2003) Estas declaraciones de una joven mujer encarcelada constituyeron una de las fuentes para la determinación del objetivo básico en mi tarea: favorecer el establecimiento de la confianza. El texto ofrece mucha información acerca de las necesidades de una mujer en esta situación, no obstante al comenzar el practicum el primer año de estudios, quise centrarme en un único objetivo, a fin de sentirme segura y mesurar mis expectativas. A medida que avanzaban las sesiones y sobre todo gracias al mayor caudal de conocimientos teóricos, pude ir relacionando la falta de confianza con la necesidad de reencontrar los límites corporales que estas mujeres habían perdido. El trabajo sobre los límites corporales fue así otro pilar en mi tarea. Las perspectivas psicodinámicas contemporáneas subrayan que el ser humano se constituye en y por medio de relaciones. Ya Erikson (1970) destacó que la confianza, el sentimiento que el infante desarrolla en el primer año de vida, está relacionado con los demás y con uno mismo. Autores como Diamond (2001), Winnicott (1979) y otros, conceptualizan la construcción de la imagen corporal en el marco de una relación interpersonal. Estos trabajos ofrecen un sustento común a ambos objetivos demarcados. Según Diamond existe una interdependencia cuerpo/ambiente (mundo interpersonal): el comportamiento corporal y las funciones biológicas se desarrollan en el contexto de las relaciones con los otros y éstas influyen directamente en la formación de procesos y acciones corporales que funcionan también a nivel metafórico. La interacción temprana cuidador/bebé se despliega por medio de un intercambio recíproco de gestos y estados que determinará la cualidad de la relación establecida. En la edad adulta continúa el intercambio de mensajes no verbales y constituye un elemento fundamental en la comunicación.. Mi rol como DMT fue desplegando diferentes aspectos a lo largo del tiempo. El primero, proveer las bases para una relación terapéutica por medio de la creación de un entorno confortable y predecible para que ellas pudieran comenzar a sentir que el espacio psicofísico de las sesiones proveería una base segura en la cual explorar sensaciones, relaciones y formas diferentes de ser y estar (Payne, 1992). Participé activamente reflejando y transmitiendo lo que estaba ocurriendo y estableciendo así una comunicación empática que incluye los aspectos verbales y los no verbales, esencial para el proceso terapéutico. Aspectos formales como la estabilidad de un espacio , la indicación de unas reglas que lo permitan todo excepto hacerse daño a uno mismo, a los otros, o a los materiales y la fijación de unos horarios ayudaron a crear un marco adecuado para la terapia. Wengrower (2004) habla de la interacción recíproca entre el cuerpo y la mente: el cuerpo, a través del movimiento y el gesto, expresa emociones; y dichas emociones y experiencias de estar en el mundo pueden modificarse a través del cambio del movimiento. Las mujeres en ARED son personas en cuyas historias de vida la privación de la libertad tiene un peso destacado. En el momento de encontrarlas, se les ha limitado el uso del espacio y en consecuencia, la utilización de sus cuerpos en el espacio. Éstos estaban tensos, contraídos, rígidos, compactos, sus movimientos eran muy limitados y cercanos al eje del cuerpo. Era como si estuviesen protegidas bajo un compacto armazón o se hubiesen fijado una frontera cercana que pudiese protegerlas. Basándome en esta configuración me propuse ayudarles a liberar sus cuerpos aún encerrados. Ambos objetivos se habían unido en uno: reencontrar o encontrar sus cuerpos, confiar en ellos para confiar en ellas mismas y en los demás. Llevé a cabo un total de 24 sesiones de DMT de 45 minutos cada una; dos por semana. En la que pasaré a describir, participaron 6 mujeres de edades comprendidas entre los 20 y 55 años. La he elegido porque permite presentar el trabajo sobre los aspectos que constituyeron los objetivos básicos de mi tarea. Descripción de la sesión nº 9 Al comenzar el grupo está dispuesto de pie, en un círculo, y comenzamos con un calentamiento que cumple diferentes finalidades: 1- ayuda a conectar con las partes de su cuerpo y así contactar consigo mismas, 2- facilita el inicio de la nueva situación y la interacción grupal a desarrollarse, 3- me ayuda a medir la disposición y el estado en el que se encuentran. Movemos diferentes partes del cuerpo, siendo las participantes quienes proponen qué y cómo movernos. Como conductora del grupo reflejo con mi movimiento lo que observo en el grupo, estableciendo así comunicación empática. A continuación jugamos a imitar o representar en movimiento: cada una toma una tarjeta en la que está escrita una palabra que deberá representar y las demás deben adivinar el significado de lo que ven en sus gestos. El grupo acepta mi propuesta. Se ríen cada vez que les toca representar, e incluso cuando se arriesgan a adivinar lo que personifica la compañera. La proposición siguiente consiste en formar pequeños grupos que monten una historia, siempre con mímica, basándose en dos de las palabras que han encarnado previamente. Les dejo un momento para que se organicen. Después, mientras un grupo representa, el otro mira, espontáneamente se aplauden cuando finalizan. Propongo una relajación. Por parejas y estiradas en el suelo se hacen un masaje en la cabeza. Acabamos en círculo y comentamos cómo ha sido la experiencia para ellas. Me ayudan a desmontar la cortina y montar las mesas. (Cada día montamos/creamos y desmontamos el espacio para realizar las sesiones). Análisis de la sesión En el calentamiento las participantes fueron proponiendo zonas del cuerpo que querían mover. Comencé con lo que ellas ofrecían. Observé sus movimientos y las zonas que proponían. Como siempre, reían y hablaban a la par de sus movimientos. Comencé a entender que esto tenía más de un significado: podía expresar no sólo alegría y espíritu lúdico, sino también, podía ser una manera de protegerse ya que así no centraban toda su atención en lo que mueven-sienten, o manifestar cierta turbación o ansiedad. Notaba que las chicas venían a las sesiones con ganas, pero también notaba en alguna de ellas un “miedo” o nerviosismo que se traducía muchas veces en risas y verborrea continuas. Consideré que la causa de ese miedo y nerviosismo radicaba en la novedad y la demanda de nuestra tarea. Se trataba de una fase inicial del grupo y todas se sentían más o menos amenazadas por lo extraño de este nuevo contexto, que daba lugar al movimiento expresivo y creativo. La verborrea y las risas formaban parte del sistema defensivo creado ante la angustia despertada ante lo desconocido, ante el miedo de mostrar y mostrarse aspectos de ellas mismas. Fue increíble ver cómo se organizaron para hacer la representación. Estaban disfrutando y pasaron de la risa como defensa a la risa espontánea, relajada. Normalmente son chicas bastante serias, con esta propuesta pude comprobar el valor del juego en la terapia. Según Erikson (1970) el juego es una recreación para el adulto, le permite un alejamiento transitorio de aquellas formas de limitación definida que constituyen su realidad social y enumera una serie de factores que conforman este fenómeno. Algunos de ellos, la gravedad y el tiempo, aspectos intrínsicamente psicofísicos de la experiencia humana. En principio habla de la (fuerza de) gravedad como limitación ineludible y la posibilidad que se abre en el juego (y en el movimiento) de internarnos en una nueva dimensión de la percepción psicofísica de nuestro cuerpo. El juego concede una libertad y permisividad corporal que en un contexto no lúdico no hubiesen tenido cabida. La persona toma una nueva o diferente conciencia corporal, una sensación divina , como la denomina Erikson. Las propuestas en el grupo de DMT instaron a las participantes a investigar y representar un nuevo papel, a crear momentáneamente una realidad diferente y así tomaron conciencia de su totalidad y particularidades para hacer suyo un personaje o situación. En la realidad social en general, y en la específica de las participantes esa conciencia corporal se pierde, limitada a la cotidianeidad, al personaje o rol en la vida. El juego por medio de la gestualidad y el movimiento permitió trasponer los límites impuestos por el tiempo y el espacio de su realidad; crearon un nuevo papel al mismo tiempo que fueron ampliando su conciencia corporal; admitieron unas reglas que permitieron determinar roles nuevos; y participaron en un acto que las llevó individualmente y colectivamente a un nuevo “estado” de cohesión y confianza mutua. A través de la experiencia corporal habían establecido un vínculo de confianza interpersonal. Erikson añade: “ Esta lista de situaciones de juego en una variedad de actividades humanas indica el área estrecha dentro de la cual nuestro yo puede sentirse superior a las limitaciones de espacio y tiempo y al carácter definitivo de la realidad social, libre de las compulsiones de la conciencia y de los impulsos de la irracionalidad. Sólo dentro de esos límites, entonces, el hombre puede sentirse como una sola cosa con su yo; no es de extrañar que se sienta “sólo humano cuando juega”. (Erikson, 1970: 192). Recordando a Winnicott (1979), también podemos considerar que las participantes pudieron incursionar en el espacio potencial, intermedio entre realidad externa e interna, que se da en el juego: uno está fantasiosamente en otro lugar, pero puede volver inmediatamente a la realidad de ese momento. El acceder muy gustosamente a mi propuesta de masaje en la cabeza fue una muestra de la confianza que se había creado entre ellas. Aunque no todas cerraron los ojos, permitieron que su compañera (estaban por parejas) manipulara, delimitara y acariciase la cabeza haciéndolas conscientes de su existencia. Considero interesante la paradoja de que por medio del juego creativo, se hace posible superar límites, y simultáneamente, promover una mejor adecuación a los que la realidad social nos impone para vivir dentro y no fuera de ella. Referencias Almeda, E .(2003). Mujeres encarceladas. Barcelona: Ariel Diamond, N. (2001). Towards an interpersonal understanding of bodily experience. En Psychodinamic Counselling. 7 (1) Erikson, E. (1970). Juguetes y razones. En Infancia y sociedad. Buenos Aires: Hormé. Cap 6 : 182-222 Wengrower, H . (2004). La teràpia basada en el moviment i la dansa: l´art del moviment i la dansa al servei de la salut. Full Informatiu Col.legi Oficial de psicòlegs de Catalunya. Nº 165, 11-13. Winnicott, D. (1979). Realidad y Juego. Barcelona: Gedisa. |
||
| Portada Indice |